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Paneles solares: cuando la alternativa para ahorrar también se vuelve costosa

Paneles solares instalados en una vivienda.

 

Ante el peso de la factura eléctrica, muchas familias dominicanas han considerado la energía solar como una salida para reducir sus gastos. Sin embargo, la inversión inicial y los nuevos cargos aplicables a determinados usuarios generan inquietud sobre el acceso a esta alternativa.

Santo Domingo. Para muchas familias dominicanas, instalar paneles solares dejó de ser una idea asociada únicamente con la protección del medioambiente. Se convirtió en una posibilidad concreta de reducir la factura eléctrica, administrar mejor los ingresos y depender menos de un servicio que representa una carga importante para el presupuesto del hogar.

El interés por esta tecnología tiene una explicación sencilla: cuando el recibo de electricidad consume una proporción creciente de los ingresos familiares, cualquier alternativa que prometa ahorro a largo plazo merece ser considerada. Sin embargo, entre el deseo de producir energía propia y la posibilidad real de hacerlo existe una distancia que no todos pueden superar.

Adquirir un sistema solar requiere una inversión que va mucho más allá de comprar paneles. También deben contemplarse inversores, estructuras, cableado, protecciones eléctricas, instalación especializada y, cuando se busca disponer de energía durante los apagones, baterías de almacenamiento. Para una familia de ingresos medios, reunir ese capital puede convertirse en el primer obstáculo.

Por eso resulta comprensible la frustración de quienes comenzaron a evaluar esta opción como respuesta a sus gastos eléctricos y descubrieron que el desembolso inicial podía superar sus posibilidades. La promesa de pagar menos en el futuro pierde atractivo cuando exige comprometer recursos que el hogar necesita para resolver obligaciones inmediatas.

A esta realidad se añade un elemento reciente: la aplicación anunciada de cargos por el uso de la red eléctrica para determinados clientes que generan energía solar y entregan sus excedentes a las distribuidoras. La medida ha reabierto el debate sobre las condiciones económicas que deben enfrentar quienes deciden invertir en generación propia.

Es importante precisar que no se trata de un impuesto general por tener paneles solares ni de un cobro aplicable automáticamente a todos los propietarios de estos sistemas. La Superintendencia de Electricidad ha explicado que el cargo está vinculado al uso de la infraestructura de distribución y depende de las características del contrato y del sistema instalado.

Según el Reglamento de Generación Distribuida, aprobado mediante la Resolución SIE-007-2026-REG, el cargo para los clientes comprendidos en la disposición se calcula sobre la energía excedente que inyectan a la red, tomando como referencia el 25 % del precio de energía correspondiente a su tarifa. No significa, por tanto, que toda la electricidad producida quede gravada con ese porcentaje.

Las autoridades sostienen que el nuevo marco regulatorio procura modernizar el sistema, establecer reglas más claras y distribuir los costos asociados al mantenimiento de las redes. También han señalado que los contratos vigentes conservan sus condiciones durante el período establecido. Esas precisiones son necesarias para evitar interpretaciones equivocadas.

Pero una explicación técnica, por legítima que sea, no elimina la preocupación económica del ciudadano. Quien analiza invertir sus ahorros necesita saber cuánto pagará, cuánto podrá ahorrar, en qué plazo recuperará su inversión y si las reglas permanecerán suficientemente estables para justificar la decisión.

En este punto surge una pregunta que merece atención: ¿estamos creando las condiciones para que más hogares adopten energías renovables o estamos permitiendo que esa posibilidad quede reservada principalmente a quienes disponen de mayor capacidad económica?

La transición energética no debería medirse únicamente por la cantidad de megavatios instalados o por el crecimiento de grandes proyectos de generación. También debería evaluarse por las oportunidades que ofrece a las familias, los pequeños negocios y los ciudadanos que desean participar en ella desde sus propios techos.

Para avanzar en esa dirección, resulta necesario facilitar información comprensible sobre los costos reales de instalación, las condiciones de interconexión y el período estimado de recuperación de la inversión. Igualmente, convendría ampliar las opciones de financiamiento accesible y promover mecanismos de apoyo que permitan incorporar a hogares con recursos limitados.

También es fundamental garantizar transparencia en las cotizaciones y calidad en los equipos y servicios. Una instalación deficiente o una promesa de ahorro exagerada puede perjudicar a quien realizó un esfuerzo económico considerable para adquirir un sistema que esperaba utilizar durante muchos años.

El Gobierno ha reiterado que mantiene congelada la tarifa eléctrica desde 2022, aunque reconoce que el monto final de las facturas puede variar considerablemente cuando el consumo de un hogar pasa a un tramo tarifario superior. Esa diferencia entre tarifa y factura ayuda a comprender por qué algunos usuarios continúan buscando alternativas para controlar sus gastos.

Las energías renovables representan una oportunidad para diversificar la generación y reducir la dependencia de fuentes convencionales. No obstante, sus beneficios sociales serán más amplios si la política pública logra que la participación ciudadana sea económicamente viable, técnicamente segura y respaldada por reglas previsibles.

El verdadero desafío no consiste en presentar los paneles solares como una solución milagrosa ni en desconocer los costos de sostener la red eléctrica. Consiste en evitar que una alternativa concebida para aliviar el gasto termine siendo una opción inaccesible para quienes más necesitan ahorrar. Una transición energética que aspire a beneficiar al país debe procurar que sus oportunidades lleguen también a los hogares comunes.